sábado, 23 de octubre de 2010

En los reflejos del recién nacido los reflejos primarios son los más importantes, se trata de un mecanismo que se pone en funcionamiento desde el primer momento y que son esenciales en la supervivencia del bebé durante las primeras semanas. El bebé pasa de gozar de un mundo perfecto en el que su entorno está completamente protegido, a un mundo exterior lleno de sensaciones difíciles de interpretar e incomprensibles. En esta etapa, los reflejos del recién nacido o reflejos primários son básicamente movimientos automáticos e involuntarios y contribuyen a que el recién nacido adquiera las habilidades controladas voluntariamente. En la práctica estos reflejos deben desaparecer paulatinamente después de haber ayudado al bebé durante los primeros meses de vida.
Los reflejos primarios son muy importantes durante los primeros meses de vida, pero después deben desaparecer, si pasados los 6 meses persisten, evidencian la inmadurez del sistema nervioso y pueden impedir el adecuado desarrollo de los reflejos posturales posteriores, equilibrio, enderezamiento, caminar, etc.

Los reflejos primarios se forman durante la permanencia del bebé en el útero y habitualmente suelen estar presentes hasta los 6 meses de edad como hemos indicado, aunque hay casos en los que persisten hasta que el bebé cumple un año de edad. En el periodo comprendido entre los 6 y 12 meses de edad, los reflejos primarios se denominan reflejos aberrantes y pueden proporcionar a los especialistas pistas sobre algún problema en el buen desarrollo del sistema neuronal del bebé. En este caso, dependiendo del tipo de reflejo, los especialistas aplicarían un programa que permitiría solucionar el problema.
Los reflejos del recién nacido se clasifican en seis tipos diferentes y claramente identificables, se denomina reflejo de gateo a la acción de estirar las piernas cuando se le toca la planta del pie a un bebé tumbado boca abajo con las piernas en flexión. El reflejo de Galant provocaría un arqueamiento ligero del cuerpo del bebé cuando, al estar tumbado boca abajo, se le pasan suavemente los dedos sobre los riñones.
El reflejo de Moro es aquel en el que el bebé tiene la sensación de caída y como consecuencia abre completamente los brazos hacia los lados con las manos abiertas. Si tenemos un bebé en nuestros brazos y nos inclinamos 30 grados, podemos comprobar esta reacción en el bebé, se trata de un reflejo que básicamente avisa a los padres sobre el supuesto peligro de caída.
El reflejo de prensión es muy conocido, cuando le ponen un dedo al bebé para que se agarre, éste cierra la mano con gran fuerza, tanta que podría aguantarse en el dedo al levantarlo y mantenerse durante unos segundos suspendido en el aire soportando todo su peso. En el reflejo de caminar, como bien indica su nombre, el bebé parece querer dar un paso hacia delante cuando lo mantenemos sujeto por debajo de los brazos y lo colocamos sobre una superficie plana, al tocar con el pie en el suelo, el bebé lo levanta flexionando la rodilla y dando un paso hacia adelante.
Finalmente, el reflejo de escalada es aquel en el que el bebé cogido por debajo de los brazos y con las piernas colgando, flexiona la rodilla intentando subir a la superficie de contacto al tocar con el empeine el borde de esta.
Es importante controlar la evolución en el recién nacido de los reflejos primarios, para que nos hagamos una idea, la persistencia del reflejo de Moro podría producir, mareos en los viajes, dificultad de coordinación al jugar con una pelota, problemas de percepción visual, dificultad de lectura, alergias infantiles, eczemas y un largo etcétera de efectos y consecuencias tanto físicas como psíquicas.

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